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lunes, 24 de mayo de 2010

Psicología y espiritualidad

Maribel Rodríguez. Médico Psiquiatra y profesora de Universidad

En los últimos tiempos la Psicología y la Psiquiatría muestran especial interés por cuestiones relacionadas con la espiritualidad. El estudio del hombre, lo que le inquieta, aquello en lo que cree, su concepto de vida y de muerte, son aspectos que fascinan a la psiquiatra, Maribel Rodríguez.
Cree que el ser humano es un universo asombroso por explorar y que esa maravillosa aventura tiene muchas dimensiones. Integrar la espiritualidad dentro de la Psicología es su gran reto. Está convencida de que nos encontramos en un momento histórico y que “esta crisis puede llegar a ser una auténtica oportunidad de transformación, hacia un estado de mayor consciencia y a una felicidad más real, anclada en lo espiritual y lo sagrado que está dentro de nuestras almas humanas”.
-Eso de relacionar psicología con espiritualidad parece algo nuevo, ¿de dónde surge?
-Realmente no es nada nuevo. No debemos olvidar el significado etimológico de la palabra psicología, pues psyche significa alma.
El problema, es que la psicología, en su intento de hacer ciencia, trata al ser humano como a un objeto más del mundo, aplicando al estudio de la persona, lo que se ha aplicado al estudio de las cosas. El riesgo de estos planteamientos es, que se dejan cosas fuera y se puede acabar reduciendo al ser humano a un esquema (a un ser bidimensional, o sea, compuesto por mente y cuerpo, excluyendo al espíritu por considerar que este no es objeto de estudio científico). Por ello, a principios del siglo XX, William James, se plantea la necesidad de considerar la dimensión espiritual, en la psicología, en su libro “Las variedades de la experiencia religiosa”, siendo pionero dentro de la psicología al tratar en profundidad esta temática. Posteriormente, hacia mediados del siglo XX, varios autores reivindican que la psicología recupere su alma y reivindican que esa parte espiritual, del ser humano, sea tenida en cuenta, y así se crean corrientes psicológicas que quieren estudiar los aspectos más intangibles de la experiencia humana.
En la actualidad, desde diversos planteamientos, se han multiplicado el número de investigaciones en psicología y en psiquiatría, que incluyen lo espiritual, como un aspecto más a tener en cuenta y a ser evaluado. Siendo esta una perspectiva cada vez mejor asumida por los científicos y no quedándose meramente en lo teórico o lo especulativo.
”La espiritualidad se fragua en el campo de batalla de la vida. Muchas personas “despiertan” a otra dimensión, después de atravesar ciertas crisis, dificultades o sufrimientos que les empujan a mirar más allá de lo que consideran habitualmente”.
-¿Qué diferencia existe entre religión y espiritualidad? ¿Cómo definirías a esta última?
-La diferencia no es siempre clara, especialmente para quienes pertenecen a una tradición religiosa, pues para ellos ambos aspectos están estrechamente interrelacionados. Para quienes no pertenecen a una religión, la espiritualidad va más allá de los límites de la religión y abarca fenómenos más vivenciales o personales.
La religión es un término que se refiere a un sistema organizado de creencias, prácticas y formas de culto, compartidas por una comunidad, que se dirigen, generalmente, a mantener una relación o un vínculo entre el ser humano y Dios u otra realidad trascendente.
La espiritualidad sería un concepto más amplio que el de la religiosidad y suele relacionarse con la búsqueda de trascendencia, con la esperanza, propósito y sentido de la vida o con los aspectos inmateriales de la existencia, como el tener relaciones armónicas o conexión con uno mismo, con otros, con la naturaleza, con Dios o con una realidad superior.
Para Viktor Frankl, por ejemplo, lo espiritual sería todo lo que hay de humano en el hombre y la dimensión esencial en la que acontece su existencia. Además, este autor lo concibe como lo que diferencia, esencialmente al hombre del mundo animal y también relaciona lo espiritual con la capacidad de comportarse de forma libre y responsable, frente a las influencias externas e internas.

Visto en : Revistafusion

domingo, 18 de abril de 2010

Por encima de todo, el hombre

Escrito por José María Jiménez

Abrazar la bandera del ecologismo dando, al mismo tiempo, la espalda a los intereses de los seres más necesitados, es ser un ecologista inconsecuente y peligroso. El verdadero ecologista centra su mirada en el bienestar del hombre, de todo hombre.

Algo falla cuando se extrema el celo en defensa de las especies vegetales o animales y, al mismo tiempo, se hace gala de una indiferencia cruel y difícilmente comprensible hacia los seres humanos más necesitados, menos dotados o más alejados de los cánones de poder, de riqueza o de belleza por el que se gobiernan nuestras sociedades, un tanto desnortadas y absurdas.
Los hombres y mujeres que vivieron en aquellas épocas en que nacía nuestra cultura, trataban de explicarse el mundo y darse respuestas a las preguntas que, por resultarles enigmáticas, les llenaban de zozobra e inquietud, recurriendo a historias llenas de fantasía, protagonizadas por unos seres extraordinarios que poblaban un universo para nosotros tan pintoresco como incomprensible.

Desde nuestra mentalidad occidental, racionalista y tecnológica, tendemos a ver en esas narraciones míticas expresiones de una forma de pensamiento que nada tiene que ver con nosotros y de la que ninguna luz podemos esperar para iluminar los problemas de hombres postmodernos entre los que se desenvuelve nuestra vida. Carecemos de sensibilidad para entender que, tras su lenguaje fantástico y las extrañas criaturas que las protagonizan, se ocultan conjeturas para nada despreciables, acerca del mundo y de su más profunda naturaleza. Incluso verdades imperecederas que nos alertan sobre los riesgos del uso irresponsable del propio poder y, consecuentemente, de los límites razonables que a éste le deben ser impuestos.

Tal es el caso del mito de Faetón, hijo de Helios, dios del sol. Este joven, engreído de su posición e inconsciente de sus límites, quiso darse el capricho de conducir el carro de su padre a través del cielo. No supo medir sus fuerzas, ni tuvo en cuenta su inexperiencia y, sólo cuando ya era demasiado tarde, comprendió que carecía de habilidades para dominar el poderoso tiro de caballos que lo arrastraban. Sin que él pudiera hacer nada para evitarlo, tanto se aproximó este carro del Sol a la Tierra que los cultivos, los árboles que poblaban los bosques, las villas y las ciudades comenzaron a arder. Incluso en los mares se incrementó de forma peligrosa la temperatura hasta poner en situación de altísimo riesgo la vida marina.
Para evitar una tragedia aún mayor y que todo vestigio de vida fuera borrado de la Tierra, Helios se vio forzado a fulminar con un rayo a su amado pero imprudente hijo que se precipitó en llamas en el mar.

Este mito no es simplemente un cuento divertido o la historia dramática de un padre constreñido a aniquilar a su propio hijo, como única alternativa posible a la destrucción completa de la Tierra. Lo podemos ver como una aleccionadora metáfora que nos invita a aproximarnos a la Naturaleza no como si se tratara de un juguete al que podemos manejar a nuestro antojo o como simple fuente de recursos que podemos depredar sin más límites que los que nos dicten nuestros intereses. Tampoco como si fuera un patio de recreo en el que ejercemos el dominio absoluto de diosecillos tan fatuos como irresponsables.

La Tierra que nos acoge es nuestro hogar, un hogar que debemos cuidar con mimo y respetar al máximo para legarlo en las mejores condiciones a nuestros sucesores. Me parece atinada la advertencia que leemos en el libro sagrado de los musulmanes, El Corán, según la cual la Naturaleza, lejos de ser una parcela que hemos adquirido en propiedad, es, simplemente, “un préstamo de Dios”.

Porque tales palabras, a la luz de la doctrina cristiana en su conjunto, invitarían más al “buen gobierno” del mundo que a su “militar sometimiento”. En esa línea, como escribió el obispo anglicano Hugh Montefiore, “los hombres ejercen su dominio sobre la Tierra como administradores y depositarios de Dios” y, en consecuencia, “sobre ellos pesa el deber de velar por su entorno en el presente y en el futuro; y ese deber ha de contemplar no sólo a los demás hombres, sino a la Naturaleza y a la vida toda”.

Continúa en Revistafusion

jueves, 1 de abril de 2010

Y sin embargo, amanece

'Y sin embargo, amanece'

Sí, amanece todos los días. Y, lo más importante, lo hace sin tenernos en cuenta, sin depender de cómo hemos pasado la noche, sin contar con nosotros, vamos. Lo que ES funciona solo.
Pero, es curioso, no nos paramos a reflexionar sobre ello. Lo consideramos normal y punto.
Solo que si eso es lo normal, lo que entonces es anormal es que no tengamos en cuenta que tenemos una nueva oportunidad de renovarnos, de aparcar aquello que no nos beneficia, de comenzar aquello que tantas veces nos propusimos comenzar, de mirar a nuestro alrededor y ver, de VER, no de mirar, a los demás, de reconciliarnos con la vida y de reflexionar si la nuestra, la de cada uno, es auténtica.
El Sol, nuestra estrella de la vida, y la Tierra, nuestro barco para navegar por el océano cósmico, nos ofrecen, un día más, todo lo que son, que es mucho, todo lo que necesitamos para vivir.
Pero, ¿Dónde están nuestras mentes? ¿Están sintonizadas con la fuente de la vida o están errantes, prisioneras y esclavas de nuestras ambiciones, deseos o miedos?
¿Cómo serían nuestras vidas si cada amanecer sintonizáramos nuestras mentes con el Sol y con la madre Tierra? Seguro que mejores, más equilibradas, más serenas y más auténticas.
Pero la realidad no es esa, por eso amanece pero no se hace la luz en nuestro interior como se hace en nuestro entorno planetario. Vivimos encerrados en nuestra burbuja egoísta y aislada.
Hay luz fuera, pero seguimos a oscuras dentro.
A pesar de todo siempre amanece. El Sol y la Tierra no se cansan de darnos oportunidades para conectar con la verdadera Vida, la que parte de ellos, la única que nos sirve.
Como somos libres por diseño, tomamos nuestras decisiones y decidimos seguir a oscuras. Y ni siquiera nos paramos a pensar si es lo correcto. Eso si, siempre nos quejamos, como si alguien tuviera la culpa de lo que nos sucede.
No nos paramos a pensar que el Sol sale para todos y que la Tierra no hace diferencias entre sus hijos.
Pero, a pesar de todo, amanece todos los días.
¡Cuánta generosidad por su parte a pesar de no ser correspondidos!

Visto en Revistafusion

domingo, 21 de marzo de 2010

Superar la adversidad. El poder de la resiliencia

El psiquiatra Rojas Marcos empleó ocho años para investigar y escribir este libro que intenta responder una pregunta: ¿qué determina que unas personas sobrevivan y otras no?

Superar la adversidad. Luis Rojas Marcos. Editorial Espasa
La supervivencia se pone a prueba ante muchas facetas de la vida: ante una terrible enfermedad, un accidente, al ser víctima de un acto violento... Hay seres humanos que superan estos trances y otros que son vencidos por ellos. La clave entre unos y otros está en lo que la psicología llama resiliencia, una cualidad que tenemos todos. Sería algo similar a la flexibilidad que tiene una caña de bambú, la cual le permite volver a su posición original, tras ser sacudida por el viento. La suma de flexibilidad, resistencia, adaptación y recuperación en los seres humanos, es la resiliencia. En Superar la adversidad, el doctor Rojas Marcos la explica con casos concretos como el 11-S o el avión que aterrizó sobre el río Hudson helado. Los seis pilares de esa cualidad que nos ayuda a sobrevivir son las conexiones afectivas; las funciones ejecutivas como la introspección; situar el centro de control dentro de uno mismo; la autoestima; el pensamiento positivo; y tener motivos para vivir. Enfrente a ellos, la supervivencia tiene cuatro venenos que nos pueden hundir: el pánico, el aturdimiento, la depresión y el estancamiento. El autor nos aconseja leer su libro para conocer los mecanismos de nuestro interior y ejercitarlos, puesto que "casi siempre llega un momento en que caemos en la cuenta de que estamos solos ante la adversidad. Nuestra suerte está a merced de nuestros propios recursos, de lo que seamos capaces de hacer y poco más".

Visto en Revistafusión

lunes, 15 de marzo de 2010

Apoyarse en la pertenencia a una red social para superar la crisis y el paro

La peor actitud para superar la crisis es culpabilizarse de ella.
Es imprescindible cultivar el optimismo o la autoestima.
Cada persona puede encarar una media de dos sucesos traumáticos.


Hacer amigos, refugiarse en la familia o la religión y acudir al psicólogo en momentos "de ofuscación o pánico" son algunas de las claves para superar la crisis o el paro formuladas por el psiquiatra Luis Rojas Marcos en su último libro: 'Superar la adversidad. El poder de la resiliencia'. Para sobrevivir a la adversidad no hay nada mejor que apoyarse en la pertenencia a una red social

Según Rojas Marcos, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York (EE UU), para "sobrevivir" a la adversidad no hay nada mejor que "apoyarse en la pertenencia a una red social, como la familia, los amigos o la religión", y contar a los demás lo que se está haciendo o lo que piensa hacer para superar la actual situación.

Asimismo, asegura que es imprescindible cultivar habilidades como la de tomar decisiones, el optimismo o la autoestima, haciéndose responsable de uno mismo "como si fuéramos nuestra propia empresa".

Son actitudes propias de un "poder" denominado 'resiliencia', un término extraído de la física que el autor define como "la capacidad que tiene un individuo de encarar un golpe, resistirlo y volver, como un muelle o una pelota de goma, a su forma inicial tras superarlo".

Según Rojas Marcos, en el nivel de resiliencia de cada individuo influyen los factores genéticos, pero que pueden elevarse pidiendo ayuda al psicólogo. Por este motivo, aconseja a todos aquellos a los que la crisis o el paro les ha afectado "más de la cuenta", que pidan ayuda profesional o busquen el respaldo de otros en su situación.

"Si estás en un momento de ofuscación o pánico, a lo mejor te ayuda ir a alguien que te diga que es posible hacer algo para minimizar el impacto" del problema, señaló el experto, para quien la 'autoayuda', entendida como el respaldo que ofrecería a un individuo un grupo en su misma situación, puede ser también una solución.

En este sentido, advierte de que "la peor actitud" para superar la adversidad es culpabilizarse de ella. También apunta que "es un error" creer que superar más adversidades hace más fuerte a un individuo, ya que "hay un límite de sufrimiento" para encarar sucesos traumáticos y esa frontera "está en una media de dos por persona".

Es un error creer que superar más adversidades hace más fuerte a un individuo
Puntualiza que en su libro "no hay recetas" para superar las adversidades de la vida, aunque sí "información" sobre cuáles son las mejores actitudes para superar desde la pérdida de un trabajo hasta la muerte de un familiar o el hecho de vivir una catástrofe natural.

"Lo que puede hacer mi libro es explicar a los parados lo que les está ayudando para superar la crisis y si no lo tienen, animarles a pedir consejo en la consulta del psicólogo", aseguró el autor, para quien comprar esta obra "no ahorrará dinero en las consultas de los psicólogos, sino que puede que más de uno se decida a gastarlo".

Visto en 20minutos

viernes, 22 de enero de 2010

Dos jóvenes debaten en la tertulia política de La Noria sobre el aborto

¿Están las adolescentes preparadas para ser madres o para “matar”?

¿Están las adolescentes capacitadas para ser madres antes de los 18 años? La Noria trajo anoche al debate político un tema de actualidad que, como anunció una de las contertulias, Pilar Rahola, haría que saltaran chispas. Y así fue. Isabel Durán, una de las activistas contra el aborto, planteó otra pregunta: “¿Están preparadas para matar?”, un interrogante que provocó la intervención del director de El Plural, Enric Sopena, quien le respondió que “estamos hartos de que cuando se habla de aborto, tengamos que escuchar que son asesinos todos los que están a favor. ¿Por qué no respetamos la vida de cada uno?”

Continúa en: El Plural

sábado, 16 de enero de 2010

Interrogantes

¿Qué me falta para llevar la vida que me gustaría?
-.-
¿Qué consigo al asumir el rol de víctima ante mis circunstancias?
-.-
¿Para qué he venido al mundo?
-.-
¿De quién o de qué depende mi felicidad?
-.-
¿Quién manda en mi vida?
-.-
¿Qué pasa cuando me escucho de verdad?
-.-
¿Qué me impide cambiar?
-.-
¿Cuales son las situaciones más difíciles a las que me he enfrentado?
-.-
¿Por qué creo que me sucedieron?
-.-
¿A qué atribuyo haber salido de ellas?
-.-
¿De quién depende asumir la responsabilidad de mi propia vida?

lunes, 28 de diciembre de 2009

La amistad

Cuidemos a los amigos ( de Jenny Moix) publicado en El País.

Los buenos amigos son una compañía y un apoyo constante en la vida, contra viento y marea. Tenerlos beneficia nuestra salud y bienestar personal. Sin embargo, no los valoramos como debiéramos.

Cuando alguien nos describe a un desconocido suele especificarnos su profesión, si se trata de una persona casada o no, si tiene hijos, e incluso, cuánto gana. Difícilmente nos indica si se trata de una persona con o sin amigos. Parece como si la profesión, el estado civil y la posición económica fueran algo mucho más relevante y definitorio que la amistad.

A la misma conclusión podemos llegar si nos fijamos en cómo se define a la gente soltera, divorciada, sin pareja. “Está solo” o “está sola”. La premisa implícita es que los singles están solos y los que tienen pareja no. La pareja cuenta más que los amigos para decidir si etiquetamos a alguien de “solo”. ¿Realmente le damos a la amistad el inmenso valor que posee?

Sufrir estrés incrementa las posibilidades de padecer muchas enfermedades digestivas, cardiológicas, dermatológicas… incluso infecciosas. Por eso, cualquier remedio que nos ayude a controlarlo es una valiosa fuente de salud. Muchas investigaciones demuestran que la amistad es una de estas potentes medicinas. Investigadores de la Universidad de Pittsburgh han observado que cuando se pide a los sujetos de un experimento que lleven a cabo tareas estresantes, tan sólo tener un amigo en la misma habitación, aunque no ayude en la tarea, convierte en menos probable que aumenten su ritmo cardiaco y su presión arterial.

El primer estudio científico sobre la relación entre amistad y salud data de 1979. Dicha investigación duró nueve años, en los que se observó de cerca la salud de casi 5.000 residentes de un condado de California. Los datos indicaron que las personas que tenían más contactos sociales (amigos íntimos y parientes a quienes veían a menudo) corrían menos de la mitad del riesgo de morir que las que contaban con menos. Desde entonces, son numerosos los estudios que confirman que los amigos nos inyectan salud.

¿De qué estamos hablando?

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la amistad es el afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. La definición es amplia porque especificar concretamente en qué consiste resulta complicado. Probablemente habrá casi tantas formas de entenderla como personas.

Existe un adjetivo que solemos colocar junto a la palabra amistad: “Verdadera”. Parece que necesitamos diferenciar ésta de otros tipos. Según Aristóteles, estos tipos serían la amistad por interés y por placer.

La amistad verdadera se basaría en el bien, en la virtud. Y en opinión de este gran filósofo, sólo puede darse entre personas que se desean el bien por sí mismos, sin ningún tipo de interés; por ello, aunque las circunstancias varíen, ella permanece. “La amistad perfecta es la de los buenos y la de aquellos que se asemejan por la virtud. Ellos se desean mutuamente el bien en el mismo sentido”, dice Aristóteles.

Los amigos de verdad son aquellos con los que nos encontramos cómodos, no juzgados, los que nos quieren con nuestros defectos incorporados. Como tan bien expresan las palabras de Elbert Hubbard: “Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere”.

La sinceridad es otra de las características de las relaciones auténticas. Sólo con los verdaderos amigos podemos pensar en voz alta, porque la confianza es absoluta. No obstante, la sinceridad no puede entenderse como abrir el grifo de nuestros pensamientos sin medir nuestras palabras. Los amigos, por mucho que nos quieran y confíen en nosotros, son seres humanos, y por ello en su interior habitan inseguridades, dudas, miedos… Nuestras palabras pueden herirlos, así que, incluso con ellos, hemos de cuidar cómo nos expresamos; valorar qué efecto producen en el otro.

Estar con alguien con quien compartes un afecto mutuo, sin sentirte juzgado, con quien confías absolutamente y con quien puedes ser sincero es algo que no tiene precio. La amistad es un tesoro. Y no todo el mundo lo posee, ya que no se trata de un bien fácil de conseguir y mantener.

Atención a las expectativas

¿Los amigos nos traicionan? Normalmente lo que nos defrauda son nuestras propias expectativas. Cuando alguien nos falla suele suceder porque esperábamos algo de él que no nos ha dado. Por eso debemos tener tanto cuidado con nuestras expectativas, porque si son altas nuestros amigos nos decepcionarán con gran facilidad. Y el resultado final puede ser, como les ocurre a muchas personas, que nos quedemos solos. Hay que valorar que si muchas veces nuestro propio comportamiento nos decepciona, ¿cómo poder esperar que los otros no tengan fallos y estén siempre y constantemente a la altura de una amistad ideal?

La amistad verdadera es recíproca, pero también es una equivocación caer en la trampa de entender esta reciprocidad de forma equivocada. No se trata de anotar en una especie de libro de cuentas lo que damos y lo que recibimos. Si lo hacemos podemos sentir un desequilibrio porque solemos ser más conscientes de nuestra entrega que de la ajena.

Y si la balanza se decanta hacia el otro lado y nos sentimos en deuda, ese sentimiento no debe confundirnos. Nuestra conciencia nos puede presionar a devolver exactamente lo que nos han dado. A los amigos les hemos de dar porque los queremos y no por ningún tipo de presión subjetiva. La reciprocidad se debe encontrar en el afecto, no en los actos concretos.

Atención a los favores

Aprovechando la ocasión que me brindaba escribir este artículo, hablé con algunas de mis amigas sobre lo que para ellas significaba nuestra relación. Una de ellas me confesó algo que yo no sabía. Me explicó que muchos años atrás quería pedirme un favor, pero al final decidió no hacerlo. No me lo pidió precisamente por la gran amistad que nos une. Sabía que para mí ese favor era muy difícil de llevar a cabo, y si me lo pedía intuía que yo se lo haría cargando con todos los problemas que eso supondría para mí. Ahora todavía entiendo más por qué es una gran amiga.

Según qué tipo de favor pedimos a un amigo existen dos peligros: que nos lo haga, a pesar de lo que le puede suponer; y que no lo haga y nos sintamos defraudados. Así que antes de pedirlo deberíamos valorar detenidamente estos dos aspectos. Es mejor preservar los beneficios a largo plazo de la amistad en detrimento de los inmediatos.

Cuidar la relación

Si preguntamos qué valores son importantes en la vida, muchas personas nombrarán la amistad. ¿Y si preguntamos en qué medida cuidan sus amistades? En muchas ocasiones, las respuestas a estas dos preguntas no son proporcionales. Afirmamos que valoramos en gran medida la amistad, pero nuestros actos parecen no reflejar ese gran valor.

En el día a día estamos muy pendientes de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones familiares, los amigos parecen estar en la cola de nuestros pensamientos. Sin embargo, en este mundo tan cambiante en el que podemos quedarnos sin trabajo, en el que podemos divorciarnos, en el que los hijos se van de casa… lo más permanente son los auténticos amigos. ¿Por qué no los cuidamos más? ¿Es una cuestión de tiempo o es que no los valoramos como se merecen?

En la hermosa y aleccionadora película ¡Qué bello es vivir!, el mensaje que el ángel le deja escrito en el libro al protagonista resume la importancia de la amistad: “Recuerda que ningún hombre es un fracasado si tiene amigos”. ¿Cuándo fue la última vez que dejamos por un rato nuestros problemas para preocupamos por cómo se encontraban nuestros amigos; que decidimos alegrarles el día de alguna manera; que les expresamos lo importantes que son para nosotros…? ¿Hoy podría ser un buen día?

Las citas:


"Los amigos de verdad son aquellos con los que nos encontramos cómodos, no
juzgados, los que nos quieren con nuestros defectos. Afirmamos que valoramos
mucho la amistad, pero nuestros actos no reflejan el gran valor que le
otorgamos".

“Amistad que acaba no había comenzado” (Publio Siro)

“Una teoría infalible: siempre hay que saber qué se puede esperar de cada
amigo” (Carmen Posadas)

“Si nuestros amigos nos hacen favores, pensamos que nos los deben a título
de amigos, pero no pensamos que no nos deben su amistad” (Marqués de
Vauvenargues)

“Entre individuos, la amistad nunca viene dada sino que debe conquistarse
indefinidamente” (Simone de Beauvoir)

Publicado en El País (Semanal)

sábado, 5 de diciembre de 2009

"Aprender" a ser felíz

lunes, 2 de noviembre de 2009

Inteligencia emocional

El psicólogo Howard Gardner y su equipo de la universidad de Harvard, por ejemplo, han identificado hasta el momento nada menos que ocho tipos de inteligencia, distintos e independientes entre sí, y que todos poseemos en una u otra medida: la inteligencia lingüística, la lógico-matemática, la espacial, la musical, la corporal-cinestésica, la intrapersonal, la interpersonal y la naturalista. Lo que entendemos popularmente por inteligencia, lo que miden los test de CI, es la conjunción de las dos primeras, de la lingüística y la lógico-matemática. Pero como todo el mundo sabe, se puede ser un hacha en ese sentido y un zopenco total en otro, careciendo por ejemplo de habilidad social, de la capacidad para ser feliz y hacer felices a las personas que nos rodean. ¿Y qué otra cosa deseamos todos, al fin y al cabo?

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